Nos come la IA #9 — Cuatrocientos euros al mes y yendo hacia atrás
Doscientos euros de Claude, doscientos de Codex, y esta semana he tenido productividad negativa. El problema no es la IA. Es que el piloto no tiene mapa.
La semana pasada me suscribí a la versión max de Codex. Doscientos euros al mes de Claude, doscientos de Codex. Cuatrocientos euros en herramientas de IA. Esta semana he tenido productividad negativa. No cero: negativa. He roto más cosas de las que he construido.
En el último post conté que no estaba disfrutando del viaje. Esta semana entendí por qué.
La potencia sin control no sirve de nada
El jueves, en una llamada con mi socio Jaime, me oí decir una frase que llevaba tiempo masticando: "Soy el tío del Ferrari que lo saca del concesionario y lo estampa contra la primera curva porque no sabe manejarlo."
La IA es un cañón. Puede hacer un montón de cosas. Pero sin GPS, te estampas. Sin entrenamiento, te estampas. Es un Ferrari que mal usado te puede matar.
Esta semana me cargué los contactos de un cliente real. Estaba migrando datos de producción a staging en Holded, nuestro software de contabilidad. Claude tenía permisos de administrador. No entendió cómo estaban estructuradas las cuentas, aplicó un par de correcciones que a él le parecieron perfectamente lógicas, y borró información que no debía tocar. No fue un bug. No fue malicia. Fue potencia bruta sin contexto.
Y mientras yo recogía los pedazos, descubrí lo que Jaime tiene montado en su lado: un hook que, cuando Claude Code se encuentra con algo que no sabe resolver en mitad de una tarea, genera automáticamente un skill nuevo para salir del paso. La IA expandiendo su propio toolset sin supervisión humana. Pasa a las tres de la mañana en nuestro servidor mientras dormimos. Más herramientas, más velocidad, más potencia — y nadie comprobando si el mapa sigue siendo correcto.
Y entonces caí en dos cosas.
La primera: que yo no soy el piloto. Esta semana, en una sesión de reconciliación contable, Claude se dirigió a mí como "el copiloto". Literalmente: una sección que decía "Para el copiloto:" con una sola decisión que tomar. Él ya había propuesto el plan, lanzado trabajo en paralelo, calculado discrepancias. A mí me tocaba decir sí o no. Y tenía razón. Yo no conduzco. Conduce Claude.
La segunda: que Claude no sabe conducir. No porque sea malo — es brillante. Sino porque no le hemos dado el GPS. No le hemos explicado dónde estamos, adónde vamos, ni por qué. Le hemos soltado el Ferrari en la autopista y nos hemos sentado en el asiento del copiloto a quejarnos de que toma las curvas mal.
La frustración que arrastro desde el post anterior no viene de resistirme al cambio de rol. Me da igual quién lleve el volante. Viene de que el piloto vuela a ciegas porque yo no he sido capaz de sacar lo que tengo en la cabeza y ponerlo en un sitio donde él pueda leerlo.
Ideas, conceptos, planes, código
Con Jaime hemos empezado a construir algo que todavía no tiene nombre bonito, pero que creo que es la salida.
La idea es dejar de trabajar directamente en código y subir un piso. Nosotros operamos en el plano de las ideas; Claude opera en el plano de la implementación. Entre medias hay capas:
Después de cada reunión con Jaime, hacemos un brainstorm estructurado donde exploramos posibilidades sin restricciones. De los brainstorms se extraen conceptos: definiciones de alto nivel de cómo queremos que funcione cada parte del producto, sin tocar el cómo. De los conceptos salen planes con pasos concretos. Los planes se convierten en código. Y el código se documenta en una knowledge base que alimenta la siguiente ronda.
Ideas → conceptos → planes → código → knowledge base.
Nuestra wiki genera automáticamente tensions — preguntas abiertas — cuando detecta un concepto que no está bien definido. Cada tensión dispara un brainstorm nuevo. Y cada brainstorm está linkado al código que eventualmente produce. El contexto fluye hacia abajo; las dudas fluyen hacia arriba.
La consecuencia práctica es muy concreta: nuestro trabajo ya no es programar. Es curar contexto. Definir la dirección del brainstorm. Validar que los conceptos reflejan lo que queremos. Asegurarnos de que cuando Claude baje al código, lleve un mapa completo de por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo. Darle el GPS antes de soltarle el Ferrari.
¿El desastre de Holded se habría evitado con este sistema? Son niveles diferentes. Pero la probabilidad baja mucho cuando el agente tiene una wiki que le dice "producción y staging comparten credenciales, nunca modifiques cuentas directamente". El contexto no elimina los errores. Los hace menos probables y más fáciles de diagnosticar.
Una empresa de cohetes compra un editor de texto
Mientras yo descubro que mi trabajo real es alimentar wikis, el mercado se mueve a velocidad de cohete. Literalmente.
SpaceX cerró esta semana la opción de comprar Cursor por sesenta mil millones de dólares. Más de lo que Musk pagó por Twitter. Una empresa de cohetes comprando un editor de código.
Mi lectura: xAI necesita un harness — un entorno donde los desarrolladores usen su modelo a diario. Porque Grok, tal y como está, no puede competir con Claude Code ni con Codex si no tiene una herramienta de desarrollo propia. OpenAI tiene Codex y probablemente el clúster de GPUs más grande del mundo entrenando un modelo que pretende barrer a todo. Anthropic tiene Claude Code y un ecosistema que crece a velocidad absurda. ¿Y xAI? Tiene un modelo potente y ningún sitio donde la gente lo use para trabajar. Cursor les da esa pieza. No compras un editor — compras la distribución que te falta para entrar en la pelea.
En la misma línea, Google presentó Chrome como agente de escritorio. Por seis euros al mes, Gemini entiende el contexto de tus pestañas y ejecuta tareas: rellena CRMs, compara precios, agenda reuniones. La IA ya no es un chatbot al que vas a buscar. Poco a poco se mete en todo. Vive dentro del sitio donde trabajas ocho horas al día. Sabíamos que iba a pasar, y está pasando.
Y para ponerle cifra a todo esto: esta semana Google confirmó que el 75% de su código nuevo ya lo genera IA. Hace un año era el 25%. Si la empresa con más ingenieros del mundo ha decidido que sus humanos no escriben código, ¿qué están haciendo? Curando contexto.

Si me preguntas qué es lo más difícil de aprender trabajando con IA en 2026, no te voy a hablar de prompts, ni de tokens, ni de fine-tuning. Te voy a decir esto: cómo sacar lo que tengo en la cabeza y convertirlo en un formato que un agente pueda explotar. Cómo hacer un dump de mis decisiones, mis dudas y mis prioridades a algo que no sea una conversación efímera que muere cuando cierro la pestaña.
Cuatrocientos euros al mes y yendo hacia atrás. Pero esta semana, por primera vez, creo que he visto hacia dónde es adelante.
Nos come la IA es un newsletter semanal de Pablo Muniz, cofundador de Intelia. Si te ha gustado, compártelo con alguien que hable de IA pero no la haya tocado.