Nos come la IA #16 — Vivo de la IA y todavía no sé trabajar con ella

Esta semana me medí a mí mismo desarrollando con agentes y descubrí que ni yo, que vivo de esto, le he pillado la tecla. Y si yo no la encuentro, tu empresa lo va a tener aún más difícil. Sobre por qué la IA no la va a adoptar todo el mundo, y dónde está el negocio.

Nos come la IA #16 — Vivo de la IA y todavía no sé trabajar con ella
audio-thumbnail
Escucha este post
0:00
/0

Esta semana estuve en un summit de ERPs, rodeado de gente vendiendo "agentes", y volví con una sensación rara: todavía no le hemos pillado la tecla. Y no lo digo por ellos. Lo digo por mí.

Me dedico a esto a tiempo completo. Construyo mi empresa con un ejército de agentes de IA trabajando en paralelo. Y la mayor parte de mi día me la paso esperando a que una máquina termine de hacer cosas, gastando muchísimos tokens, con la sensación de ir lento y generar poco impacto. No porque la IA no funcione. Sino porque nadie ha encontrado todavía el equilibrio entre qué delegar, qué revisar y cuánto complicar los procesos. Yo el primero.

Mi trinchera: el cuello de botella soy yo

Cuando me medí los números, mi propia intuición estaba equivocada. No voy lento para un estándar normal: produzco una barbaridad. Pero sí voy lento para alguien que tiene un equipo de agentes currando para él. La máquina va rápida; el que no encuentra su sitio soy yo.

Lo que querría es quedarme arriba: validar la idea, aprobar el plan a nivel de arquitectura, y que la IA ejecute, pruebe y valide sola. Yo entraría al final, en modo "usuario", a comprobar que funciona. En la práctica acabo atrapado orquestando y dando contexto todo el rato — justo los dos roles que querría que hiciera la propia IA.

Y luego está la parte incómoda. Cuando estoy cansado, impaciente o con cinco cosas a la vez, apruebo decisiones sin pararme a entenderlas bien, porque solo quiero ver el resultado. Confío en que va a salir bien. Y luego me llevo sorpresas. Los agentes van tomando sus propias micro-decisiones, yo pierdo el hilo de por dónde van, y al final acabo pidiéndole a la máquina que me monte una página web explicándome qué demonios ha hecho, para poder evaluarlo después. No tengo nada claro que esa sea la mejor forma de trabajar.

Encima, buena parte de mi tiempo no se va en construir, sino en que se me rompen las herramientas: tener a Claude, Codex y Gemini compartiendo configuración es un campo de minas, y dedico horas al andamiaje en vez de al producto. Si un amigo que monta una empresa me preguntara hoy "¿debería desarrollar con agentes como tú?", le diría que no. Ni yo sé cómo hacerlo bien todavía.

Y si yo no sé, tu empresa lo va a tener más difícil

Aquí es donde mi lío personal deja de ser un diario y se convierte en una apuesta de negocio. Porque si yo —a tiempo completo, obsesionado con esto, con las mejores herramientas— todavía no he dado con el modelo, ¿qué posibilidades reales tiene una empresa de "empoderar a sus empleados para que automaticen en sus ratos libres"?

Hace meses escribí sobre los perfiles que hacen que la IA funcione dentro de una empresa. La conclusión era incómoda: hace falta que coincidan dos cosas raras. Por un lado una empresa que cree el ecosistema correcto (que ponga dinero en herramientas, que no asfixie con seguridad, que monte sandboxes, que dé tiempo para cacharrear). Por otro, personas curiosas, creativas y con una necesidad real. La intersección de ambas es un conjunto pequeñito. Y encima las empresas grandes son muy políticas y arrastran muchísimo legado humano. Automatizar procesos de verdad no es un problema técnico: es un problema de cambio organizativo. Y eso casi nadie lo gana.

¿100% automatizado o humano con esteroides? Las dos, en este orden

Mi tesis, sin anestesia: el destino es un mundo 100% automatizado. A día de hoy, para extraer el valor de la IA, los humanos somos más un problema que una solución. Pero —y es un pero grande— los modelos todavía no son lo bastante autónomos para llegar al 100%, y hablar con una IA no es lo mismo que hablar con una persona.

Así que durante los próximos dos a cinco años creo que ganan los humanos amplificados: consultoras que adoptan la IA y ofrecen a las empresas un servicio que antes no se podían permitir. Es el gran giro del momento: durante 15 años intentamos convertir la consultoría en software para no necesitar al experto. La IA invierte la ecuación — el experto no desaparece, se multiplica por 30. Un fundador de ERP que conocí en el summit ya lo había visto: quitó su página de precios por usuario la semana anterior. "Si le quitamos usuarios al cliente, ¿por qué le cobramos por usuarios?"

Va a haber una avalancha de pequeñas consultoras nativas de IA comiéndose el mercado de las pymes. Las grandes empresas, por reputación, acabarán contratando a las consultoras de siempre — y se equivocarán, porque las Big Four no van a ser las mejores aplicando esto. Y ojo: si alguien craquea el proceso 100% automatizado, todas estas consultoras amplificadas lo van a tener crudo para competir. Es un puente, no un destino.

Intelia, mi empresa, es literalmente esta apuesta — y aún estoy averiguando si el modelo funciona. Yo me inclino por el full-auto, porque empuja los límites, aunque a veces dude. Verifactu va a meter a cuatro o cinco millones de pymes españolas en sistemas de gestión por ley en 2027. Para mí la oportunidad no es el software: es darles un servicio profesional que antes les era inaccesible. ¿Funcionará? Depende de la interfaz. Si les pones un SaaS de toda la vida lleno de botones, lo veo difícil: muchas están poco digitalizadas. Si les pones algo a lo que le hablas por WhatsApp y se organiza solo, ahí hay partido.

Todos predican una cosa y hacen otra (yo incluido)

Estamos en un momento curioso, lleno de aparente hipocresía. Aunque no sé si es hipocresía o simplemente todo el mundo intentando sobrevivir.

Los laboratorios de IA juran que "no harán falta humanos"… mientras contratan a mansalva. En Intelia decimos que queremos una empresa full-auto, pero a veces dudo si tendremos que contratar gente para implantarlo en los clientes — exactamente el mismo dilema. Y mientras tanto nos pasamos el día arreglando lo que hace la IA o dándole contexto a mano: bastante lo contrario de "full-auto". Los gigantes del software le ponen una capa de "agente" a su producto de hace 15 años: no sé si es pintura o pura necesidad de subirse a la ola. Y cuando un cofundador de Anthropic aparece junto al Papa pidiendo regular la IA, sí, le tienen respeto sincero a lo transformador que es esto… pero también es teoría de juegos: si el otro lo va a hacer, ¿por qué no hacerlo tú primero y marcar las reglas?

Yo soy culpable de mi propia contradicción: soy optimista con los productos y pesimista con el retorno agregado. Creo que materializar el ROI va a ser durísimo, porque gran parte de la oportunidad es reconversión: necesita que salga gente, que se reconvierta, que surjan trabajos y sectores nuevos. Por pura inercia humana, eso tarda. Y puede que el retraso acabe pinchando las valoraciones, porque el retorno no va a estar ahí cuando se le espera.

La noticia: la IA ya no escribe tu código, lo hackea

De todo lo que leí esta semana, lo que más claro deja por qué nadie se va a poder quedar fuera es la seguridad. Chema Alonso (Cloudflare) lo contaba sin anestesia: los modelos de razonamiento ya no solo encuentran un fallo, te escriben el exploit funcional en un solo prompt. Un investigador sacó un agujero de día cero en Chrome usando Claude en unas 20 horas, partiendo del propio parche. Los plazos de la seguridad han pasado de semanas a horas: cuando tu proveedor publica una actualización, le está señalando el agujero con el dedo a los atacantes.

No es una exageración de un podcast: la industria ya lo ve. Google ha tenido que parchear varios días-cero de Chrome este año, y los analistas atribuyen el repunte de descubrimiento de vulnerabilidades, precisamente, a la IA (SecurityWeek). Esta es la mejor razón para entender la presión que viene: cuando el de enfrente tenga la herramienta y tú no, o te hackea o te saca del mercado. Adoptar deja de ser opcional. La buena noticia es que la defensa también es IA.

El consejo, y la apuesta incómoda

Si algo he aprendido esta semana es que el reto ya no es "usar la IA", es aprender a trabajar con ella — y nadie ha terminado de aprender, yo el primero. Por eso mi único consejo a quien empieza es el más simple: úsala. Estamos descubriendo en directo cómo se va a trabajar en el futuro. Es ineficiente, porque aprendes, desaprendes y rehaces todo cada dos por tres. Quien entre más tarde cometerá menos errores, pero tampoco tendrá el contexto de haber estado dentro. Cuanto antes entres, antes encontrarás tu forma de hacerlo funcionar.

Y termino con lo que sé que mucha gente no comparte: creo que la IA va a acabar reemplazando todo lo que hoy llamamos trabajo, y tendremos que inventarnos otra forma de organizarnos como sociedad. No sé si seguirá siendo trabajando o será otra cosa. No sé cuándo llegará. Ni qué modelo económico lo sostendrá. Pero el cambio viene.

Como ya conté por aquí, hacer cosas nuevas con IA es una montaña rusa. Esta semana me ha tocado valle; espero que la que viene sea pico.


Nos come la IA es un newsletter semanal de Pablo Muñiz, cofundador de Intelia. Si te ha gustado, compártelo con alguien que hable de IA pero no la haya tocado.