Nos come la IA #3 — Le dije 'borra todo' y borró todo

La semana pasada borré tres meses de contabilidad de un cliente. No fue un fallo de la IA. Fue un fallo mío.

La semana pasada borré tres meses de contabilidad de un cliente. Bueno, yo no. Mi agente de IA. Le dije "borra todo" refiriéndome a dos facturas duplicadas de test. Él entendió todo todo. 105 facturas reales. Noventa segundos.

Ni me enteré. Fue el cliente quien nos preguntó: "¿habéis sido vosotros?". Tiré de la memoria episódica del agente para investigar qué había pasado. Resultó que se había confundido de equipo — me compartió un identificador interno, un número larguísimo, y yo le dije que sí sin mirarlo. Ahí se rompió todo.

Lo bueno: se recuperó desde la papelera. Lo importante: no fue un fallo de la IA. Fue un fallo mío.

Cuando le das contexto, funciona

Llevo año y medio trabajando con agentes de IA a diario. Mi CRM, mi email, mi calendario, mis mensajes de WhatsApp, mis pedidos de comida — todo pasa por un agente. Y la lección más importante que he aprendido es esta: cuando le das contexto, funciona. Cuando no, la cagas.

Esta misma semana, un amigo que no programa le pidió a Claude que le organizara las reclamaciones de su seguro médico en Alemania. Diez facturas al mes entre él y los niños, reclamarlas al seguro, trackearlas en un Excel... un coñazo burocrático de manual. El agente se metió en la web del seguro, descargó tres años de histórico, lo cruzó con su tracker, y ahora le automatiza todo. De coñazo recurrente a "lo reviso cinco minutos a la semana".

¿La diferencia con mi desastre? Él le dio contexto: qué facturas, de quién, dónde están, qué hacer con cada una. Yo le dije "borra todo" y le dejé adivinar el resto.

Me pasa lo mismo con cosas más mundanas. El mes pasado le pedí que me pidiera sushi — y me lo pidió. Esta semana me ha ayudado a buscar vuelos y trenes para un viaje de verano con los niños, pre-rellenar formularios de billetes, comparar alternativas, y generar una guía de viaje con historias adaptadas a cada parada, maquetada como un dossier de agencia premium. Mi hijo no sabe que su guía de viaje la escribió una IA.

Qué es "contexto" para una IA

Cuando digo "contexto", me refiero a algo muy concreto. Un agente de IA no tiene experiencia previa, no ha visto tu cara, no sabe en qué proyecto estás ni qué significan tus palabras. Todo lo que sabe es lo que tú le das en ese momento.

Piensa en un becario superdotado que llega el primer día: es brillante, pero si le dices "borra todo" sin explicarle qué, dónde y por qué, puede liarla. La diferencia es que el becario preguntaría. El agente, si le has dado vía libre, ejecuta.

El contexto puede ser explícito — le escribes exactamente qué quieres — o puede estar conectado: tu email, tu calendario, tu base de datos. Cuantas más cosas ve el agente, mejor trabaja. Es lo que permite que le digas "repite el pedido de sushi" y sepa qué pediste la semana pasada. Pero también es lo que permite que le digas "borra todo" y borre 105 facturas en vez de dos.

La empresa de Elon Musk acaba de anunciar esta semana "Digital Optimus": un agente que procesa vídeo de tu pantalla en tiempo real y controla tu teclado y ratón. Es el contexto llevado al extremo — el agente ve literalmente todo lo que haces. Cuanto más ve, mejor trabaja. Y cuanto más ve, más puede romper (Reuters).

El freno no es la tecnología

Esta semana hice una sesión de demo en vivo con ocho amigos. Ninguno programa. Durante la sesión, le construí a uno de ellos un tracker de precios de guitarras que scrapea dos tiendas cada mañana y le manda un email con tabla y gráfico. Veinte minutos, en directo, desde cero. Le llegó el email ahí mismo: "además con links y todo, está de puta madre".

El más escéptico del grupo se fue diciendo "me ha molado".

Pero me quedé un poco plof. Porque después de la demo vino la conversación real. "Vale, mola, pero en mi empresa no puedo usar esto." "¿Y la privacidad? ¿Quién ve lo que le paso?" Preguntas sobre la terminal, que les da respeto. Y luego un silencio que no supe interpretar — nadie preguntó mucho más, y no sabía si les había servido de algo o no.

La privacidad me sorprendió. Es algo que está mucho más presente en la cabeza de la gente normal que en la mía — yo vivo aquí dentro y ya no me lo planteo tanto. Pero para ellos es un freno real. Y no es solo en mi grupo de amigos: una encuesta de NBC News esta semana dice que el 57% de los americanos no se fía de la inteligencia artificial. Entre trabajadores sin título universitario, el 62%. Solo el 9% confía en que el gobierno la regule bien.

Lo que me da pena es esto: la tecnología está aquí y mis amigos no la van a aprovechar. No porque no quieran, sino porque para la mayoría, la IA es un extra. Algo que pruebas el fin de semana y olvidas el lunes cuando llegas a la oficina y abres los mismos programas de siempre.

Para mí dejó de ser un extra hace tiempo. La IA es el centro de lo que hago. Ya no podría trabajar sin ella. Escribo a través de la IA, pienso con la IA, desarrollo con la IA, peloteo ideas, razono, reflexiono. Antes usaba herramientas separadas — ChatGPT, Cursor — pero sin memoria ni contexto compartido era difícil usarlo así. Ahora con Claude Code, todo está conectado.

Pero eso es mi caso. Soy fundador de una empresa de IA, no tengo jefe que me prohíba nada, y puedo darle al agente acceso a todo. La mayoría de la gente no está en esa posición. Y mientras la IA sea "un extra" que usas por tu cuenta, no va a cambiar cómo trabaja nadie.

El ciclo que me preocupa

En lo que va de 2026, 45.000 trabajadores tech han sido despedidos. De esos, más de 9.200 se atribuyen directamente a la IA. Microsoft, Intel, Amazon lideran los recortes. Un estudio de Anthropic advierte de una posible "Gran Recesión para trabajadores de cuello blanco" (Fortune).

Y aquí está la trampa: la gente ve despidos y desconfía de la IA. Desconfía y no la adopta. No la adopta y se queda atrás. Y los que se quedan atrás son los más vulnerables cuando llega la siguiente ronda de recortes. Es un círculo que vi esta semana en mi propia sesión: gente lista, capaz, que mira esto con una mezcla de interés y recelo. Vamos a ver más despidos. Y eso va a generar más rechazo. No sé si es miedo, prejuicio o las dos cosas, pero me preocupa.

Como chascarrillo: un amigo fundador me contó esta semana que el CIO de una aseguradora con cientos de millones en beneficio estaba migrando al cloud. Lo de on-premise lo controlaba, pero con el cloud se le complicaban cosas básicas — cómo asegurar que las pruebas funcionaban, cómo gestionar entornos. Y por supuesto, no tenía ni idea de qué es un MCP. Estamos en 2026, hablamos de agentes autónomos y protocolos de contexto, y la persona que decide si implementan IA en una empresa de ese tamaño todavía está peleándose con el cloud.

Mientras tanto, NVIDIA presentó esta semana su plataforma Vera Rubin: 336.000 millones de transistores que prometen reducir 10 veces el coste de usar IA (NVIDIA). La barrera económica se evapora. Quedan las otras: la corporativa, la social, la del miedo. Que son las difíciles.

Un consejo si quieres empezar

No intentes cambiar tu forma de trabajar de golpe. Empieza por algo pequeño y personal: una tarea repetitiva que te da pereza. El Excel que actualizas cada semana. El email de seguimiento que siempre pospones. Dile a la IA exactamente qué quieres, con todo el contexto que puedas. Si el resultado es bueno, dale un poco más. Si es malo, probablemente le faltaba contexto, no inteligencia.

La IA no funciona como magia. Funciona como un compañero al que tienes que explicarle las cosas. La buena noticia es que cada vez necesita menos explicaciones.


Nos come la IA es un newsletter semanal de Pablo Muñiz, cofundador de Intelia. Si te ha gustado, compártelo con alguien que hable de IA pero no la haya tocado.